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El arte de Félix Perdomo, ese accidente cotidiano que es la vida

La justificación filosófica de la obra de Félix Perdomo era la vida. Accidentada, azarosa, cotidiana y repleta de objetos.

Así eran su calma y su desorden pictórico; sus gotas de lluvia y sus cascadas de fósforos quemados sobre cartón piedra.

Así sus puertas, sillas y alcantarillas, que ahora tienen un fin distinto. Así la violencia urbana o la caligrafía infantil tienen razón de ser bajo una técnica mixta.

Una treintena de piezas de ese universo son revisadas y vueltas a contemplar con la muestra póstuma Manifiesto, que inaugurará la Galería de Arte Florida el domingo.

El curador de esta experiencia antológica es Félix Suazo.

“Se hizo una selección de obras representativas de diversos períodos del artista con la intención de ofrecer un panorama de su trabajo sustentado en sus propios criterios sobre la pintura, los objetos y los problemas del arte en Venezuela. Manifiesto significa proposición, el planteamiento de un autor”, señala.

La concepción que el artista tenía sobre la existencia humana es otro de los pilares de la individual, que la galería había venido trabajando con él desde hace dos años. Un esfuerzo que se vio interrumpido en 2015, cuando Perdomo falleció a causa de un ACV.

“Pensar en la vida para él era trabajar, hablar con sus amigos, encontrarse en un café, confrontar asuntos del arte, leer. Pero también era esa contingencia que siempre se da: el derramamiento de una taza de café, una mancha, un chorreado, una pisada, un teléfono que te dan apurado y lo anotas en la tela o en el papel sobre el que luego harás un dibujo o una pintura y se convierte en parte de la creación. Todo eso está en su trabajo. Y es un trabajo muy sutil el de incorporar la experiencia en la obra. Hay una intención. Él no escribe `la vida es”; para él la tela o la escultura son la vida. No existe distinción”, agrega Suazo.

Manifiesto está integrada por cuadros en pequeño y mediano formato, además de propuestas tridimensionales, elaboradas entre la década de los ochenta y el año que murió el pintor. La primera etapa corresponde al período formativo de Perdomo, muy vinculada al Instituto Pedagógico de Caracas, en el que se relaciona con artistas muy activos de varias tendencias.

En el ambiente pululaban la corriente conceptual y la vanguardia pictórica; fueron años de estudio.

Durante los años noventa, el también dibujante y escultor realizó diversas series, de las cuales se incorporan algunas piezas: Planas y tareas, Cascadas y otras relacionadas con el circo, la calle, las aceras y los desnudos femeninos.

Del nuevo milenio destacan las obras en gran formato sobre la naturaleza muerta con objetos. Una reflexión sobre el soporte pictórico es determinante y abunda la tela, el paño pintado y transferido al lienzo. De acuerdo con el curador, existe una confrontación de tramas: la representada y la real: “Es común encontrar en Perdomo obras relacionadas con otras anteriores. Todo en él es un continuo cuya única conexión es su capacidad de elegir en qué momento el azar debe ser atrapado. Es lo que hace con la obra, que se convierte en un dispositivo de captura de la cotidianidad”.

Bautizo. La exhibición surgió a propósito del libro F élix Perdomo contra los prejuicios de la contaminación , que publicará la Galería Arte Florida a partir de una investigación realizada por Suazo.

Será bautizado durante la inauguración de Manifiesto e incluye los textos del curador y de Oscar Marcano. Es una edición bilingüe que hace énfasis en los procesos y principios que definieron el trabajo creativo de Perdomo. El diseño es de Guillermo Salas y la dirección editorial fue de Marisa Mena y Ginett Alarcón de Editemos.

Fuente: El Nacional