Luis Alberto Hernández lleva sus símbolos a Francia

Los signos de Luis Alberto Hernández aparecen sobre un fondo negro profundo, profundísimo, que se extiende sobre el lienzo como llamando a la eternidad. Con un trazo que se constituye como una presencia, el artista plástico muestra sus colores y los invita a deslizarse por la superficie como elaborando símbolos de otras épocas, dialectos ocultos y fuerzas filosóficas.

Su trabajo pictórico, que ha desarrollado durante décadas, tendrá una nueva ventana expositiva. Desde mañana hasta el lunes 8 de mayo se presentará su propuesta La poética de la melancolía en el Farinier de l”Abbaye de Cluny, Centro de Monumentos Nacionales, que está ubicado en la región de Bourgogne, en Francia.

La exposición está integrada por piezas de mediano y gran formato, entre pinturas e instalaciones, que abordan uno de los temas fundamentales de la creación a través del tiempo: la melancolía.

“No tiene nada que ver con las prácticas clínicas o psicológicas que se han dado al término. Se trata de ese dolor del alma debido a la ausencia de Dios que padece el hombre de la modernidad. Manejo su significado más profundo, que es de carácter espiritual y entraña la aspiración de lo absoluto, incluso con las formas del amor, la bondad, la belleza”, indica el artista.

Nacido en Puerto La Cruz a mediados de noviembre de 1950, Hernández estudió dibujo en el Centro Francisco Pimentel en Caracas entre 1971 y 1977. Después ingresó a la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas y luego se graduó de Arte en la Universidad Central de Venezuela. Ha presentado más de una docena de individuales y participado en diversas colectivas. Obtuvo el Premio Gobernación del Estado en la Primera Bienal de Puerto La Cruz y una mención honorífica en la II Bienal de Guayana, Ciudad Bolívar, en 1988.

“Pintar, para Luis Alberto Hernandez, es tomar a cargo a la vez la desacralizaci6n del mundo y la imposibilidad que tiene de no poder dejar lo sagrado. Ninguna obra humana puede ahorrarse la confrontación con lo que constituye la mas intensa experiencia humana, la de la aprehensión, cualquiera sea su forma, de la existencia de otros estratos de lo real que nos ofrece lo que llamamos realidad (…) Pintar es plantearse esta pregunta que, para él, toma la forma de una representación sin concesión del conflicto íntimo por el cual se revela delante de nuestros ojos la fragilidad primera de nuestras certidumbres”, escribió sobre el artista en una ocasión el crítico de arte JeanLouis Poitevin.

Fuente: El Nacional