Ana Margarita Ramírez exhibe los tejidos de la memoria

A na Margarita Ramírez se involucró con el tejido desde la orfebrería. Elaboraba texturas, cruces, desde el metal. Luego de haber sido madre por primera vez, hace 17 años, se replanteó elementos de su vida y mutó hacia la pintura. Ahora sus entramados son pictóricos.

Todos los residuos de su proceso creativo ­los retazos que caían al suelo, el salpicado sobre el plástico, los potes y tapas de pintura vacíos­ le sirvieron para darle forma a una memoria artística que contara su propia historia. Así surgió Registros , la exposición que presenta actualmente en la galería GSiete del Centro de Arte Los Galpones. Permanecerá abierta al público hasta el 16 de abril y se puede visitar de martes a sábado, de 10:00 am a 6:00 pm; y los domingos, de 10:00 am a 4:00 pm. La entrada es libre.

“Yo trabajo mucho con el inconsciente, las emociones; todo lo que puedo transmitir a través de la línea y el color.

Es un juego entre lo que voy haciendo y cómo voy reaccionando, cómo nos retroalimentamos la pintura y yo”, afirma la artista. En la exhibición se funden el orden y el desorden; el cinetismo que se interrumpe en collages, la línea que se va descomponiendo. “Es el juego lo que me gusta”, agrega.

La propuesta cuenta con la curaduría de Alberto Asprino. “Su obra reciente busca entrelazar la pintura y el dibujo como una alianza oportuna, buscando fusionar todo aquello que la mueve emocionalmente, suerte de autorretrato existencial que la identifica y moviliza a nivel creativo”, señala el investigador en el texto de la muestra.

Registros incluye piezas en diversos formatos, elaboradas durante los últimos diez años.

El trabajo está centrado en la incorporación de elementos a su lienzo: el plástico y el tirro también forman parte del paisaje.

Sus técnicas son el collage y el dripping ­una modalidad del arte abstracto, característica del action paiting que desarrolló Jackson Pollock a finales de los años cuarenta­, que fue impregnando todas sus herramientas hasta marcar una huella. “No es el simple tejido.

A lo largo de esta década me di cuenta de que en el piso todos los elementos acumulados ganaban vida propia. Todo estaba intervenido de una forma indirecta a través de la madurez y la sensibilidad del artista de observar su entorno”, expresa la pintora.

Ramírez estudió en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas. También realizó cursos de joyería y escultura en la Escuela Cándido Millán y la Escuela Armando Reverón. Ha expuesto en Venezuela, Colombia, Panamá, Canadá y Estados Unidos, entre otros países. Actualmente enfoca su investigación en los grandes formatos.

La creadora inauguró ­también en el Centro de Arte Los Galpones, pero en los espacios abiertos­ un mural elaborado a partir de las tapas de los potes de pintura que fue recolectando a lo largo de 8 años. “Ahora recopilo los galones vacíos y cada uno está intervenido de una manera diferente. Eso cuenta una historia y crear una pieza a partir de esto es mi próximo proyecto”.

Fuente: El Nacional