El abandono pasó a ser el “privilegio” en urbanismos petroleros de la zona sur

“En Campo Sur, cuando apenas caía una hoja de un árbol al suelo, Pdvsa estaba encima para recogerla”.

Con ese ejemplo, la exhabitante de esa urbanización residencial petrolera, Hildiris Monroy, ilustró la forma cómo antes funcionaban los servicios y el mantenimiento ejercido por parte de la industria.

Los asentamientos residenciales fueron construidos por las empresas extranjeras al calor de la explotación petrolera, con el fin de brindar alojamiento a la nómina de obreros y ejecutivos.

Monroy no vive en las espaciosas casas de Campo Sur, ubicado en la población de San Tomé (municipio Freites), desde hace 18 años, pero los trabajadores activos y jubilados que permanecen en el otrora privilegiado espacio, acusan decadencia en la calidad de los servicios.

En ese urbanismo, ahora llamado Campo Victoria por la “nueva Pdvsa”, Mirna Marcano, hija de un trabajador jubilado, siente que “ya no es un privilegio” vivir en esa zona residencial petrolera.

32 años de domicilio en una de las casas del conglomerado le dan aval para comparar y decir que la desmejora de los servicios públicos es evidente.

El descuido se comenzó a notar desde finales de los años 90 y tras el paro petrolero de 2002.

“Sin pretender establecer una analogía con un barrio”, expresó que el alumbrado público lleva más de seis meses dañado, el sistema de aguas blancas y negras se colapsa, las plazas están enmontadas y las calles tienen huecos.

El transporte es casi nulo. El sistema disponible funciona desde una cooperativa del municipio Guanipa, pero que registra fallas.

La inseguridad ya es parte de la cotidianidad de los residentes. Según contó Marcano, aunque están rodeados de seis comandos, entre policiales, militares y vigilancia interna, se registran muchos robos. “Estamos como una calle de Caracas”.

Refirió que la recreación se limitó porque ahora el Club Kariña quedó reservado para actos políticos. El campo de golf fue eliminado y los terrenos serían utilizados para la siembra de peces (cashama), pero el plan ni siquiera arrancó.

El mantenimiento de los inmuebles desapareció. “Ese beneficio que estaba en el contrato de trabajo se perdió”.

En Campo Norte, ahora llamado Campo Los Próceres, Jean Guevara, quien se mudó hace mas de un mes, relató que hay fallas en las labores de jardinería y recolección de basura por el supuesto incumplimiento del pago de Pdvsa a las empresas
“Campo Norte era una zona privilegiada y tranquila, ahora no.

Hay un flagelo peor al de los servicios: el hampa entra a sus anchas”, denunció.

Modelo urbano

Campo Oficina, donde se perforó el pozo petrolero (OG-1), que marcó el inicio de la producción de crudo en Anzoátegui y guió la fundación de El Tigre, es otro urbanismo que cambió de rostro.

María, quien prefirió resguardar su verdadera identidad por temor, lleva 40 años de residencia en ese espacio y compara con claridad la diferencia entre aquella “villa mágica” y la actual urbanización.

La esposa de un trabajador jubilado guarda en su mente “vestigios” de cuando en la entrada del conjunto residencial funcionaba una garita con personal de Prevención de Control y Pérdidas (PCP) que garantizaba la seguridad del urbanismo.

Hoy esa oficina está abandonada y entra y sale “todo el mundo” sin control.

La cerca perimetral, que se inspiró en el diseño abstracto del artista plástico Juvenal Ravelo, está rota y rodeada de maleza.

El club es una “vergüenza”, el techo se rompió y los baños no sirven, comentó.

La mujer mencionó que hay huecos en las calles y monte por doquier.

Apostar a la organización

La vocera del consejo comunal de Campo Oficina, Mercedes Matute, admitió que la inseguridad es otra de las calamidades que afrontan.

Ni siquiera por tener de vecino el comando de la Milicia Bolivariana se sienten protegidos. Sin embargo, la dirigente cree que aún viven con privilegios porque no pagan luz, agua ni gas. “Ni siquiera cancelamos condominio ni alquiler por las viviendas”.

Érica Saleverría, representante de Campo Oficina ante la Comuna Hugo Chávez, recordó que los servicios de agua, electricidad y aseo están en manos de Pdvsa y estos siguen funcionando.

Como consejo comunal se encargan de plantear necesidades y soluciones ante la industria y la alcaldía.

La vocera vecinal tiene claro que el desmalezamiento de las áreas comunes no es constante desde hace unos ocho años por parte de Pdvsa, pero la alcaldía de El Tigre presta apoyo.

Aunque la empresa petrolera “no corre a recoger una hoja de un árbol cuando cae”, sienten que con organización pueden luchar por una mejor calidad de vida.

Competencias
Pese a que Pdvsa tiene la competencia en el mantenimiento de los servicios públicos en Campo Oficina, el alcalde Jesís Figuera dijo que apoyan en la recolección de la basura y desmalezamiento de áreas comunes.

La residente de Campo Victoria, Mirna Marcano, informó que la Alcaldía de Freites se encarga de supervisar de los urbanismos y remite las necesidades a Pdvsa. Pero dijo que se ha creado un diatriba entre ambas instituciones sobre la competencia en la prestación y mantenimiento.
Algunos de los inmuebles de las urbanizaciones petroleras presentan deterioro porque los ocupantes no tienen dinero para arreglos mayores. Al parecer, Pdvsa no se hace responsable.

En Campo Oficina residen 132 familias en 77 viviendas, y en Campo Victoria están ubicado alrededor de 380 inmuebles, con dos y tres grupos por casa.

Historia
En el libro “Petróleo Nuestro y Ajeno (La ilusión a la modernidad)”, su autor Juan José Mantilla indica que el primer campamento petrolero (Campo Norte) en el oriente fue instalado en 1.917 por la empresa Mene Grande Oil. 20 años después se hizo lo propio con Campo Sur y Campo Oficina. Estos fueron convertidos en urbanismos.

Fuente: ElTiempo.com.ve