Una realidad se fragmenta para ver y ser vista

N o hay realidades absolutas. Quizás no hay realidad en absoluto, sino percepciones de la vida. Hechos fragmentados que se van astillando mientras más personas los intervienen: las posibilidades, entonces, se tornan infinitas.

De esta idea de multiplicidad parten dos artistas. La hacen sensorial y conceptual a partir de opuestos: lo abstracto y lo figurativo, lo urbano y lo rural, lo privado y lo público, la libertad del cielo y la imposibilidad (aparente) de volar. En estas idas y vueltas discursivas se inserta el trabajo que realizaron para la nueva edición del proyecto Diálogos con la Colección Mercantil, cuya tercera edición presenta el Espacio Mercantil desde el domingo.

“El objetivo de este programa es vincularnos con la comunidad artística, con lo que está sucediendo en el arte. No solo se trata de mostrar las piezas, sino de contrastar discursos con otros creadores. La colección no está encerrada en sí misma. Los artistas invitados analizan el panorama y hacen un aporte”, explica la curadora Thaía Rivero, quien trabaja con la institución desde finales de la década de los años noventa.

Flujo disperso/Blurry Flux es el título de una investigación que tiene más de un año de desarrollo entre los creadores Carla Arocha (Caracas, 1961) y Stéphane Schraenen (Bélgica, 1971). El Espacio Mercantil los convocó en esta ocasión en un ejercicio plástico que pretende establecer conexiones entre su obra y la de los artistas que integran esta colección privada.

El resultado: una atmósfera alterada por la geometría.

Arocha y Schraenen presentan una instalación con la que cambian las concepciones del espacio. Se fundamenta en la ciudad de Caracas y su historia; para ello seleccionaron piezas de la colección que guardasen relación con elementos característicos como el Ávila, pero también con planteamientos sociales de una época y las diferentes tendencias en pintura, escultura, dibujo y fotografía.

La muestra ­cuyo catálogo fue escrito por Jesús Fuenmayor­ está integrada por 46 piezas de artistas como Alexander Apóstol, Rafael María Baralt, Manuel Cabré, Carlos Contramaestre, Carlos CruzDiez, Sigfredo Chacón, Eugenio Espinoza, José Gabriel Fernández, Antonio Herrera Toro, Suwon Lee, Mateo Manaure, Roberto Obregón, Alejandro Otero, Adrián Pujol, Carlos Puche, Armando Reverón, Bárbaro Rivas, Luis Romero, Antolín Sánchez, Pedro Terán y Carlos Zerpa. El concepto museográfico empleado para las obras se basa en el contraste y analogías de temáticas y lenguajes.

Junto a ellas convive la instalación de Arocha y Schraenen: unas estructuras modulares que permiten el reflejo y, a través de hoyos rectangulares, la visión de lo que sucede detrás, la sombra proyectada de las figuras en la luz. Así, una visión se hace muchas y es el espectador el que elabora las distintas realidades.

“El título de la exposición, Flujo disperso , alude a un término de física cuántica que trata de explicar cómo las partículas subatómicas tienen la particularidad de estar en dos lugares al mismo tiempo. Esta idea nos pareció interesante porque es la forma en que trabajamos nuestras propias obras: usamos los materiales en una forma específica. Y el material es tan importante como lo que tratamos de transmitir”, asegura Arocha.

Complementa Schraenen: “En la instalación la palabra espejo es la que activa todo.

Porque simboliza estar adentro y afuera, ver y ser visto.

Porque observas lo que está detrás de la escultura del edificio, pero al mismo tiempo lo que esta es. La relación que surge con el trabajo de otros artistas convierte a la obra en una nueva que no es nuestra, sino del espectador. Todo ocurre en la mente de quien recibe la información”.

Fuente: El Nacional