Lenguajes se confrontan para hurgar en la identidad

H ay algo de belleza en lo desconocido. Tal vez mucho. Tal vez la gran obra del maestro no estuviera completa sin ese lienzo excluido de las exhibiciones, o ese trazo desviado que en algún momento fijó camino para una tendencia. Fue esto lo que decidió buscar la curadora María Luz Cárdenas entre los representantes del arte del siglo XX de Venezuela. Tal vez en la indagación de una identidad común.

Obras singulares de maestros contemporáneos es la propuesta para cierre de año de la Galería Freites, localizada en Las Mercedes. La inauguración será el domingo.

“La idea es principalmente mostrar. Ahora hay tan pocas opciones para el público. Estas piezas seleccionadas representan los valores que queremos defender en el país: gente que ha trabajado con honestidad”, afirmó Cárdenas.

La exhibición sigue un discurso plástico que toca cuatro puntos fundamentales: la concepción de la espacialidad, la figuración, el realismo pictórico y el paisaje, definido este último por la curadora como noción abierta de territorio. Es La celosía (1974) de Jacobo Borges la que empieza la conversación visual. En el cuadro conviven cinco planos diferentes; la escena principal ocurre al fondo, detrás de las rendijas. El artista lo acompaña con un segundo cuadro suyo, de los más recientes, como una confrontación de cómo ha cambiado su concepción del espacio.

Estas obras van seguidas por las de Pedro Fermín, Sigfredo Chacón, Jorge Stever, Pancho Quilici, Ana María Mazzei y Corina Briceño, quienes en los años setenta replantearon diferentes conceptos.

El arte figurativo empieza entonces con una escultura de Marisol, de la corriente pop art; Francisco Bugallo desmiembra la balsa de la medusa y le acompañan Julio Pacheco Rivas, Abigail Varela y Gaudí Esté con sus repeticiones. Cierran el círculo otra versión de elementos en serie: el cinetismo de Carlos Cruz-Diez y Alejandro Otero.

Héctor Poleo inaugura con su realismo el segundo piso de la galería. La figura humana y los temas de contenido social llegan con las nuevas corrientes, en oposición al paisaje, luego de que Venezuela entra en un nuevo siglo tras la muerte de Juan Vicente Gómez, recuerda la curadora en el texto de sala. Las obras de Virgilio Trompiz, Luis Guevara Moreno, Alirio Rodríguez y Alirio Palacios ­con una nueva figuración­ entran en contacto con las de Edgar Sánchez y Jorge Pizzani, ya de los años ochenta.

En la representación del territorio, en la década de los sesenta, se incorporan a la muestra trabajos de, entre otros, Ramón Vásquez Brito, Humberto Jaimes Sánchez, Noemí Márquez y Ángel Hurtado.

Además de homenajear la creación, Obras singulares de maestros contemporáneos mite una revisión de la cultura nacional. “Para mí la palabra clave es talento y calidad. Es nuestro patrimonio y tenemos que conocerlo. Los museos ya no presentan exposiciones como estas”, afirma Cárdenas.

Y finaliza con la relevancia de las colectivas: “Son la posibilidad de formar una idea más general de lo que es la obra en un contexto. Estableces los problemas conceptuales y plásticos de generaciones”.

Fuente: El Nacional