El ímpetu femenino se desplaza por planos y épocas

L a pintura, impetuosa y libre, dio forma a sus nombres sobre el lienzo. En un homenaje a ese impulso creador, la Galería CAF decidió hacer de sus muros una fiesta pictórica en la que la obra de cuatro venezolanas habla de una época y sus costumbres, y de cómo un grupo de mujeres decidió adueñarse de conceptos en búsqueda de algo que les fuera propio.

Pioneras es el título de la muestra en la que predomina la impronta femenina. Será inaugurada esta tarde y reúne piezas de las artistas Luisa Palacios, Elsa Gramcko, Maruja Rolando y Mary Brandt. Además, encabeza la celebración de los 20 años de la galería que está ubicada en Altamira.

“Estas cultas damas se abocaron con pasión a la creación artística mostrando su capacidad de asimilar la influencia de los grandes movimientos plásticos de su época, notoriedad que destacan en su desarrollo integral como mujeres, dejando un prestigio y un legado imprescindible en la historia del arte venezolano”, afirma la curadora Mariela Provenzali en el catálogo de la exhibición.

La mayoría de las obras pertenece a la colección de la Galería de Arte Nacional y en años pasados formaron parte de colectivas en museos, así como en salones nacionales e internacionales. La confrontación discursiva fue determinante. “Una estuvo conectada con el mundo científico; la otra, con el diplomático, y las otras dos con la publicidad y la fotografía. Eso les dio un contexto intelectual que las unió en un momento. Y se hicieron amigas. Trabajaron juntas”, agrega Provenzali.

La exposición reúne 36 piezas elaboradas, en su mayoría, entre las décadas de los años cincuenta y setenta. Muestran el aporte que cada una hizo al arte: Rolando se desarrolló en el informalismo mientras que Brandt se relacionó con el color y la geometría aunque trabajó lo figurativo, sobre todo en sus dibujos y gráficas.

Elsa Gramcko comenzó con lo abstracto y se centró en la materia. “Creó una tendencia que no estaba en el tapete en el momento, pero que luego la gente siguió. Se acercó a lo constructivo, colocó objetos en las obras, exploró el collage”. Palacios, para la curadora, tiene entre sus méritos principales el grabado.

Su hija Isabel Palacios, músico y directora de la Camerata de Caracas, cuenta que creció oliendo a trementina y aceite, olores que luego se armaron con las tintas de grabado y los ácidos: “Me despertaba y mi mamá ya estaba lista trabajando en el taller de pintura en la casa o en el de grabado en el jardín. Llegaba del colegio y sabía que debía buscarla allí. Recuerdo que me decía: `Lávate las manos, Isabel, que me vas a ayudar”. Y estaba toda la mañana trabajando con grandes artistas”.

Recuerda que por su casa pasaron intelectuales importantes como Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias, Miguel Otero Silva. “Una de las anécdotas es de cuando tenía siete años: una vez le dije que no me gustaba Goya. Ella me levantaba una ceja y me respondía: `Sigue viendo”. Pero yo era una niña, me asustaban los aquelarres de Goya. Las imágenes que guardo de mamá son de una vida llena, de una energía extraordinaria y la lección de que los sueños se cumplen si trabajas en ellos”, afirmó.

Fuente: El Nacional