Romero exhibe su universo de símbolos y ausencias

En sus obras, cada objeto genera resonancias afectivas y cada símbolo evoca a un universo. En sus obras, el artista y gerente cultural Luis Romero utiliza distintos discursos plásticos, pero se vale de un mismo lenguaje para elaborarlos. En sus obras, el vacío suma contenido, y cada composición ofrece a la audiencia múltiples lecturas sobre lo que fue.

La exposición Arte recolector. 1988-2016, de Romero, será inaugurada este domingo en la sala Trasnocho Arte Contacto (TAC), del Trasnocho Cultural. La muestra representa un recorrido por la trayectoria de este creador, a través de una selección de 50 obras elaboradas en los últimos 28 años, que van desde la primera pieza en la que identificó un carácter artístico (una pequeña fotografía en transparencia sobre la sombra de dos aves) hasta sus creaciones más recientes.

Aunque confeso admirador de la pintura, el trabajo de Romero no se limita al hecho pictórico sino que pasa sin distinciones de la serigrafía al grabado, de la impresión a la escultura o de la instalación al collage. Los mezcla. Los superpone. Los enfrenta. Contamina cada lenguaje para sumar valor conceptual al resultado. “Me valgo de distintos medios para manifestar mis inquietudes. Creo que la mayoría de estas obras son pinturas de luz en las que el resultado no se logra por los medios tradicionales”.

Con todo, la diversidad de las disciplinas utilizadas por Romero no impide que en sus trabajos sean visibles coincidencias en términos expresivos y conceptuales. Con obras que tienden a la abstracción y a la síntesis, Romero reitera en el uso del círculo, muchas veces identificado en las siluetas de objetos cotidianos, que han inspirado a Romero desde sus inicios. “En mi niñez, cuando hacía arte sin saber que era arte, recolectaba objetos de la casa y los ubicaba en la sala con composiciones, para luego devolverlos. (…) Durante el tiempo que viví en Holanda, me iba al mercado de las pulgas y recolectaba los objetos que quedaban. Patos de hule, paletas para freír… de ellos me interesaba la carga de ausencia, su valor emotivo”, recuerda.

De acuerdo con Eliseo Sierra, curador, “recolectar y ordenar (…) se convirtió en un método de trabajo que le ha permitido al artista alimentar y proseguir su obra desde entonces”.

Tallados de diseños modernos de rejas caraqueñas, cuadernos personales del artista, esculturas referidas al vacío, y representaciones de atardeceres con frases extendidas sobre el cielo rosa son algunas de las obras que colman esta muestra, donde el potencial de la palabra es utilizado para sugerir, reafirmar o negar sus conceptos y sus ausencias.

@mariagfernandez

Fuente: El Universal