Miguel Braceli trabaja el paisaje como obra viva

L a Tierra comienza y termina en el mar, dice Miguel Braceli. Para el arquitecto y artista visual retar la utopía que representan sus aguas es materia de investigación. De allí surgió Sacar el mar , performance que realizará el sábado en la playa San Lorenzo de Gijón, en España. Las obras que se obtengan serán expuestas en el Museo del Ferrocarril de Asturias desde el 6 de octubre.

Su equipo de trabajo es muy pequeño, pero el público generalmente no. Y es además la variable más compleja. “El reto es poder desarrollar una obra que funcione con 10 personas o con 100. La adaptabilidad y mutabilidad son unas de las lógicas del mundo contemporáneo, por eso me interesa desarrollar obras abiertas”, dice.

Las intervenciones e instalaciones en espacios abiertos las realiza desde 2008. Han sido diversos sus escenarios. “En la apertura está la sustancia del trabajo como obra viva”.

–¿En qué se diferencia Sacar el mar de la intervención Construir el mar que realizó en la UCV? — Construir el mar habla del paisaje como constructo y Sacar el mar versa sobre el paisaje como espacio maleable, haciendo honor a su liquidez. Ambos son proyectos que buscan poner en tensión las relaciones entre lo posible y lo imposible.

Esta es una serie que he empezado con el curador Gerardo Zavarce y que no sabemos cómo va terminar.

–¿Cuál es el objetivo final de la serie Apologías de lo posible en la que se enmarca la acción que hará en España? –Este proyecto busca desdibujar los límites de la capacidad humana, así como las formas de relacionarnos con el mundo, haciendo de sus paisajes espacios proyectados y transformados a partir de esfuerzos colectivos.

–¿Cómo es la relación entre los esfuerzos del hombre y la fuerza de la naturaleza? –Introducirse en el mar, en el cráter de un volcán, en la cima de una montaña es someter el trabajo a las fuerzas de la naturaleza. El viento, la lluvia, las mareas son fenómenos complejos que moldean la obra tanto como el proyecto al que estas variables están sujetas. Las personas generalmente están unidas por un material que observa las acciones del hombre y de la naturaleza, que es el elemento para redibujar el paisaje que se devela en la documentación.

–¿Cuál ha sido la “respuesta” de la naturaleza? –Descubrí la capacidad del viento para dibujar en el Valle de Catamarca; el poder de la lluvia para cambiar las propiedades del material y vaciar los espacios urbanos en Plaza Caracas; la fluidez de la neblina para transformar escenarios en el volcán Irazú. Hasta ahora no ha llovido en ninguna Biblioteca abierta , podemos decir que la naturaleza ha respondido muy bien.

–¿Cómo logra llevar adelante estas acciones? –Los proyectos en su mayoría son autogestionados, es una inversión que eventualmente puede recuperarse o no.

Aun cuando las obras son intervenciones en el espacio público, ellas viven del financiamiento privado a partir del coleccionismo de las fotos o videos. En el caso de las invitaciones se han constituido por alianzas con universidades, espacios expositivos e instituciones tanto públicas como privadas de los países sede.

–¿Cuál es la intención de involucrar al ciudadano común? –Estoy interesado en transformar la realidad más que en retratarla. Trabajar con las personas es una forma de generar experiencias que afectan a los participantes y convierten la ciudad en espectador. Son proyectos que de manera colateral permiten activar el espacio público, generar lugares de encuentro y una reflexión sobre el cuerpo como estructura social.
Educar a través de lo colectivo
Miguel Braceli no detiene su investigación. Además de las intervenciones que ejecuta, formó parte del Pabellón de Venezuela en la 15º edición de la Bienal de Arquitectura con el proyecto Fuerzas urbanas e integra el 19º Salón de Jóvenes con FIA, que fue inaugurado el sábado en el Maczul. Sus acciones para 2017 tienen como destino Estados Unidos, Bolivia y Brasil. “Seguiré buscando que nuevos paisajes transformen la obra”, dice.

Considera que en esto palpita una labor educativa: “Gran parte del trabajo está vinculado a mis talleres en la FAU UCV.

Toda construcción colectiva implica un proyecto formativo para hallar resultado a partir del intercambio de conocimiento”.

Fuente: El Nacional