Hay que tener fe en lo que se hace y no cerrarse a un hecho”

L as cosas pueden ser una y también tantas otras.

Para Adrián Pujol, el techo, un vestier, las irregularidades del suelo pueden convertirse en una excusa para indagar en lo que sucede con la línea.

El pintor, figurativo y paisajista, decidió trasladarse a otros lenguajes. Así, desde finales de los noventa inició una revisión del canon abstracto geométrico. ¿Qué es lo que allí aguarda que le interesa tanto a los de su generación? ¿Cómo se traduce desde ese lugar pictórico el entorno estético venezolano? Fue así como nacieron sus Apuntes abstractos , la exhibición que inaugurará el domingo en Beatriz Gil Galería, en Las Mercedes. Compuesta por 74 piezas en pequeño y mediano formato, y curada por Ruth Auerbach, se divide en 2 conjuntos de obras: el primero lo integran los Dibujos hablando por teléfono , un archivo de estructuras reticulares y elementos geométricos flexibles hechos en lápiz y bolígrafo, del que selecciona un grupo y lo lleva a la pintura.

El segundo, Chez Planchart, reúne cuadros sobre el arte modernista caraqueño elaborados desde el interior de la quinta El Cerrito, a la que llegó por invitación para pintar el Ávila. Pero al entrar en contacto con esa influencia arquitectónica que determinó una corriente artística, el camino se nutrió.

“Ese evento me sirvió emocionalmente para encarar lo que ya me inquietaba. Entonces, después de pintar la casa como si fuera un paisaje, comencé a analizar otros elementos de una forma más concienzuda. Quería explicarme el contexto en el cual estoy, por qué a mis contemporáneos les interesa lo que les interesa. Al adentrarme en la abstracción geométrica, retrocedí en la historia y llegué a los años cincuenta en Venezuela, la época de Los Disidentes y la instauración de vanguardias traídas de Francia”, expresa el pintor.

En esta revisión, Pujol quería constatar que el canon tuviera vigencia para él, como lo tiene para tantos otros y para las escuelas de arte: “Quería responderme si verdaderamente podía decir algo a partir de ello. Antes no lo tenía claro porque no tenía fe en el canon, no lo entendía”.

Y en este encuentro con lo abstracto, descubrió el artista que se habían borrado la diferencia entre la figuración y lo abstracto: “Pudiera decir que siempre he hecho una abstracción del paisaje, de mis grabados y mis primeros trabajos.

Para mí la pintura siempre es mancha, que puede representar un árbol o un círculo. Es un hecho isomórfico. Hay que tener fe en lo que se hace y no cerrarse a un solo hecho. No es creer ciegamente en la figuración o en la abstracción, sino creer ciegamente en algo”.

Fuente: El Nacional