Grandes piezas conviven en un tránsito visual

L as lecturas son íntimas, pero grandes las escalas. El muro ya no es el lugar donde se exhibe la obra, sino la obra en sí. Los trabajos ambientales de ocho creadores de tres generaciones, que sostienen su independencia conceptual, interactúan entre sí como una enorme instalación en Contralapared.

La exposición, de dimensión museística, será inaugurada hoy en Espacio Monitor, en el Centro de Arte Los Galpones, y permanecerá abierta al público durante tres meses.

“El título de la muestra es un juego de significados. Por un lado se trata de obras en la pared y también estamos viviendo contra la pared en estos momentos en Venezuela.

Ha sido muy alto el costo de presentarla, pero ha valido la pena. Este tipo de propuestas deberían presentarlas nuestros museos, como lo hicieron en algún momento. Acá llevamos un trabajo de resistencia cultural”, afirma el curador Miguel Miguel García.

Contralapared está integrada por piezas que en ocasiones alcanzan los 16 metros de largo y en otras 4 metros de largo. Como en un pergamino visual que se despliega, van acompañando al espectador en su transitar por la galería.

Inicia Radicaldrawingonwall de Sigfredo Chacón, realizada con óxidos y acrílico mate; le sigue Háblame de Pepe López, hecha con bolsas plásticas unidas con calor y bordada en lana. Están también M41 Rosetta de Jaime Gili, pintada en acrílico mate; Inducción cromática a doble frecuencia Wallwork del maestro del cinetismo Carlos Cruz-Diez e Interior N° 2 de José Gabriel Fernández construida sobre MDF.

Completan la exhibición Héctor Fuenmayor con Contra la pared, hecha en glicée sobre tela, en la que se ve cómo caen de un Cristo gruesas gotas negras; Arturo Herrera con Vuelve y Lucía Pizzani con Inventario personal, en la que retrata los productos sanitarios, principalmente de mujer, que escasean en el país.

“No hubo una curaduría en el sentido duro, no hay una narrativa que englobe el grupo.

Es un espacio de libertad total.

Lo que ocurre aquí es en cierta medida espontáneo y convive muy bien. No tuvimos esa idea forzada de establecer una línea de pensamiento”, expresa Fuenmayor sobre la exhibición que rinde homenaje a la obra de Cruz-Diez.

El diseño del montaje estuvo a cargo de la arquitecto Lillian Malavé, quien trabajó durante once años en museografía, en el Museo de Bellas Artes. Ocultó las columnas de la galería y creó espacios octogonales y libres: “Quise generar una fantasía en la que el ambiente lo conformaran muros que te reciben”.

Fuente: El Nacional