“El petróleo es un gran espejismo”

Antes de que fuera utilizado como bandera de guerras. Antes de que se extendiera con sus derivados sobre las vías de buena parte de los países del globo. Antes de que su combustión permitiera el andar a humo de las máquinas del mundo. Antes, mucho antes, de que su valor en el mercado hiciera fluctuar también la calidad de las vidas de ciudadanos y gobernantes que, sólo así, podrían confirmar que su pastosidad oscura ni alimenta ni sana a los cuerpos delgados. Antes. El petróleo era un mineral fósil que dormitaba en el centro de la Tierra. Un poder en potencia. La promesa con visos de mito de la riqueza absoluta.

El artista visual venezolano Rolando Peña (Caracas, 1942), “El príncipe negro”, casi compadece al crudo: condenado a estar a merced de las decisiones de unos cuantos poderosos que saben hacerlo ver, con sólo un chasquear de dedos, como el ascensor a la bonanza o como el medio hacia la catástrofe. También, casi lo admira, como símbolo de un poderío entendido por buena parte de los habitantes del planeta. Por esto, desde hace más de cuatro décadas, los barriles contenedores de este fósil opulento -no la unidad de volumen, sino la imagen a la que la medida remite- han sido el eje de la estética creadora de Peña, un artista que combina el Pop Art y la ciencia, y que ha destacado en la América Latina por la aplicación de ambos términos en el arte.

Desde la noche del pasado jueves, Peña exhibe en todas las salas del Museo de Arte Contemporáneo del Norte de Miami (Moca), una exposición retrospectiva en la que presenta, con tecnología novedosa y obras recientes, el que ha sido el concepto de sus trabajos entorno al petróleo.

Con el título de Black gold (Oro negro), el artista entabla en esta muestra una mirada hacia su noción sobre la universalidad del crudo (con videos de un Fuego sagrado e instalaciones en las que barriles pintados de dorado se suspenden en medio de una atmósfera sideral). Además, la propuesta hace también una evocación a la memoria que evidencia la forma en la que este mineral ha acompañado a Peña desde sus inicios en el arte, con la presentación de una Diariografía, con 300 imágenes, que inicia con lo que él resuelve llamar su primer happening: su fotografía, con sólo 6 años, orinando desde un borde del Lago de Maracaibo.

-Desde su mirada de artista, ¿qué ha representado el petróleo para Venezuela?
-El petróleo para Venezuela fue una bendición y una maldición. La culpa no es del petróleo, claro, el problema está en cómo se usa, y aquí el tratamiento ha sido atroz, aquí lo han vuelto un arma de guerra, un fondo para comprar lealtades y sostener discursos.

-El petróleo puede ser, como lo dijo (Juan Pablo) Pérez Alfonzo, “el excremento del diablo”, o, como (Arturo) Uslar Pietri, se puede “sembrar el petróleo”. Desde joven me llamó la atención que siendo un elemento con una fuerza tan impresionante se había malgastado tanto.

-Este año, precisamente, se conmemoraron 80 años del editorial “Sembrar el petróleo”, de Uslar Pietri. ¿Aún le resulta vigente?
-Yo tengo mi propia visión sobre el petróleo. Llevo más de 40 años abordándolo en mi trabajo, con contradicciones que reconozco, pero pienso que tiene que haber un cambio muy profundo en relación con el uso del petróleo en el mundo. Ya hay otras energías y mucha gente trabajando en función de ellas por ahí, muy seriamente. Creo que el uso tan anárquico del petróleo ha creado un problema enorme para la humanidad, en lo económico, en lo ecológico…

-Entonces usted no propone sembrarlo, sino más bien sustituirlo…
-(risas) Así parece, en este momento se están implementando cosas que han dado resultado en el mundo, la energía solar, o la eólica, por ejemplo. Es algo que apenas está comenzando, pero creo que es un comienzo feliz. Aunque trabajo con tecnología avanzada, sigo siendo todo un romántico. No sé si estaré vivo para ver el final de esto, pero por fortuna existe el arte para librarnos del horror de la verdad.

Aunque trabajo con tecnología avanzada, sigo siendo todo un romántico. No sé si estaré vivo para ver el final de esto, pero por fortuna existe el arte para librarnos del horror de la verdad

-¿Eso lo que busca con sus barriles dorados, reivindicar al petróleo, alejarlo del horror?
-No, lo que quiero no es limpiarlo, sino colocarlo ahí. El arte no da soluciones, sino que hace preguntas. Yo planteo algo, yo digo: “Esto está aquí, qué hacemos”. No soy un juez sino un observador, un cómplice de mi tiempo, y de lo que creo, y de lo que lo hago. El arte siempre plantea enigmas, ¡como la cuadratura del círculo que todavía la investigan! Entonces yo digo: “El petróleo tiene un poder sin barreras”, y listo.

-Con todo y sus advertencias, usted utiliza los barriles como eje de su obra…
-Para mí el barril es bellísimo, es un símbolo de riqueza, de poder para bien o para mal. Me interesa como objeto estético y como símbolo, como Duchamp y su urinario o Warhol y la lata de sopa. Como imagen me parece de una fuerza impresionante, universal desde el momento en que está en el centro de la Tierra y porque mueve al mundo. Si a alguien en el Medio Oriente le enseñas una lata de “Campbell soup”, tal vez no le diga nada; pero un barril es un símbolo universal.

-Sus inicios en el Pop Art lo hizo con la muestra Santería (1975), con íconos del imaginario popular. De ahí, pasó a trabajar el petróleo. ¿Tiene también el crudo algo de religioso?
-En el fondo esto de la santería y “las siete potencias africanas” son grandes espejismos, ilusiones dirigidas al pueblo para hacerlo pensar que tiene un poder o que un poder sobrenatural lo está protegiendo. El petróleo es lo mismo, el petróleo es un gran espejismo.

-¿Algo así como El Dorado moderno?
-(risas) Sí, efectivamente mucha gente se ha hecho muy rica, pero cuántos no, y en función de qué.

-En Black gold usa tecnología de punta en las obras y revela el acercamiento a teorías científicas que ha caracterizado siempre su trabajo. ¿Cómo fusiona arte con ciencia?
– Yo creo que el arte y la ciencia tienen mucho en común: ambos son abstracciones. Las principales teorías científicas son muy abstractas: la Relatividad de Eisntein; los Fractales de Manderbrot, o las Matemáticas del caos de Thom o de Lorenz, que estudia las catástrofes… todo eso me interesa enormemente.

-Para usted, ¿cómo se compone la matemática de nuestra catástrofe?
-La componemos nosotros mismos. Hay mucha ingenuidad en nosotros como país y por eso sucedió lo que sucedió: el país depositó toda su confianza en un personaje muy curioso, y ya sabemos la catástrofe que eso desató. Aún no sabemos que el asunto no es sólo eso de la inmediatez, sino de ser más responsables, y esto es también un tema mundial.

La exposición de Peña cubre la totalidad de la extensión del Moca, en Miami, y se mantendrá abierta al público hasta el próximo 13 de noviembre.

@mariagfernandez

Fuente: El Universal