Pinto, luego existo

Amigos lectores, en esta ocasión incursionare en un tema distinto al habitual. Espero les guste. Puede parecer extraño el uso de nociones extraídas de la antropología y neurociencias para fundamentar la presentación de esta muestra pictórica. Sin embargo, estas dos disciplinas ofrecen conceptos útiles para enmarcar la propuesta estética de Juan José Mariño. Disculpen, entonces, el atrevimiento y la heterodoxia de esta corta introducción. Intento, en este breve escrito, interpretar esta prometedora e interesante experiencia artística que formula este joven creador valenciano. La modernidad ha sido entendida como el triunfo de la razón. Este “éxito” ha sido concebido como una etapa donde las emociones eran excluidas del acontecer público. La máxima cartesiana, “pienso luego existo”, ha sido usada como punto de partida para la valoración de los diversos relatos de naturaleza cultural e histórica que han proporcionado identidad a este periodo. En el marco de este dualismo las emociones devienen como lo “otro”; suerte de atavismo y residuo de lo primitivo, de todo aquello que la civilización y el progreso ha dejado atrás, y para lo que no hay lugar alguno en el ámbito diáfano de los modernos. Hoy en día, el avance de las neurociencias, aportan evidencias que permiten alejarse de esta concepción de la modernidad excluyente de las emociones. El cerebro es emocional. De esta sentencia se deriva un principio de gran relevancia para interpretar las creaciones de naturaleza estética. Razón y sentimiento se alimentan mutuamente. Son las emociones las que motivan el comportamiento y no la razón. Bien, esta breve reflexión teórica es útil para iniciar una comprensión de la narrativa estética que propone, Juan “K-ra” Mariño, en la muestra que expone en el Centro Cultura Eladio Alemán Sucre. “Pinto, luego existo”. Esta máxima, a contrapelo del racionalismo moderno, pudiera constituir el punto de partida para una comprensión de la apuesta estética que ha elaborado este joven creador. K-ra se aleja, agresivamente, de la idea de acuerdo a la cual la obra de arte deber ser estéticamente complaciente. Pareciera decir que su propuesta no merece aspirar los aplausos de la posteridad. De hecho, amenazan al “buen gusto” y, como lo planteo Marcel Duchamp (1887-1968), pareciera militar en la idea que la obra de arte no deber ser buena, sino solo ser. Si quisiéramos “encasillar” su apuesta estética, la palabra expresionismo calzaría apropiadamente. K-ra expresa sus emociones a través de la caricatura, la deformación del rostro en sus “retratos”, la exageración en el color y en el dibujo. Su discurso está organizado en torno a una proposición no consciente. Toda su obra la atraviesa un grito primordial: pinto, luego existo. Con esta exclamación, este joven creador, intenta exteriorizar su fuero íntimo: emociones, sentimientos, en fin, su subjetividad apasionada. En cierto sentido, en sus lienzos, cartulinas y otros materiales es posible encontrar similitudes, desde luego no conscientes, con la atmósfera plástica presente en la obra Jean-Michel Basquiat (1960-1988). Sus retratos, por ejemplo, muestran la libertad en el trazo que caracterizo a este joven artista neoyorquino. Es de esperar que esta muestra, hija de las emociones, se desarrolle y constituya el punto de partida para la creación de una nueva narrativa dura y original en el horizonte de las artes plásticas del país. Juan José Mariño es valenciano. Nació en 1987. Su entorno familiar ha estado vinculado íntimamente al arte. Alexis Mujica y Wladimir Zabaleta, por la vía de la amistad, ejercieron sus respectivas influencias en la definición temprana de su vocación artística. Es estudiante de la escuela de artes plásticas Arturo Michelena y ha realizado exposiciones individuales en diversos centros culturales de esta ciudad y Caracas.

Fuente: Notitarde.com