I love frailejón

La vida del pintor estadounidense Franklin White transcurre entre dos latitudes: Washington y Mérida. Desde 1996 el artista viene cada año a Venezuela desde la capital de su país y dedica seis meses a plasmar una de las joyas de la naturaleza venezolana, el frailejón andino.

Su primer amor por esta planta ocurrió “por accidente” luego que ese año le fueran cancelados los vuelos para sus vacaciones en Costa Rica y Puerto Rico.

“Entonces me preguntaron en la agencia de viajes que si quería conocer Venezuela. Pensé un momento y les dije…¡vamos a conocer Venezuela! Me enamoré enseguida de este país, Mérida es un lugar único que me hace sentir especial. Es un lugar tan bello que todo parece un paisaje”, confesó White en un esfuerzo por mejorar su español, una deuda personal pendiente.

Su encuentro con el frailejón lo lanzó a un antes y un después en su carrera que inició en 1971 tras obtener su maestría en Bellas Artes en la Universidad de Howard: “Ver por primera vez el frailejón me inspiró. I love frailejón. Es la planta más hermosa que he visto, sobre todo sus flores, es algo muy personal. Otros colegas lo han trabajado, pero yo lo hago con mi visión de extranjero”.

La pasión que el frailejón despertó en White es comparable a la que tuvo el francés Claude Monet con los lirios de agua o con el amorío del holandés Vincent van Gogh y sus famosos girasoles.

“Quiero que lo asocien conmigo. Me encantan los girasoles de van Gogh, de hecho el frailejón tiene una estructura parecida”, destacó el pintor desde la ciudad de los caballeros.

Sus obras las realiza con pastel al óleo, una técnica con la que se siente cómodo y busca realzar los colores de los andes.

“Aquí he desarrollado nuevas técnicas. Uso pastel al óleo (Sennelier) lo mismo que usaba Picasso y muchos otros artistas”, puntualizó el también profesor jubilado del Corcoran College of Art and Design.

Su paso por Venezuela no se limita a plasmar la naturaleza en su estudio. White ha participado en exposiciones individuales y colectivas en la propia ciudad de Mérida, Tovar, Valencia y Caracas. También dictó clases en el 2001 en el Instituto de Artes Plásticas Armando Reverón, hoy Universidad Nacional Experimental de las Artes en Caracas.

“Enseñar en el Instituto Armando Reverón fue una experiencia maravillosa, tuve unos estudiantes excelentes. Vine luego de solicitar una beca Fulbright como profesor de dibujo y pintura”.

Sobre cuál es el artista venezolano con el que se siente más identificado, sin titubear responde: Néstor Alí Quiñones. Un tovareño con quien comparte semejanza en su técnica de trabajo. “Usa muchos colores, trabaja muy grueso y es expresionista”.

Aunque nació en Richmond, Virginia; Franklin White se considera un artista de la capital de su país, pero con el corazón puesto en Venezuela.

“Vengo de una ciudad llena de edificios con columnas griegas. No nací en Washington, pero me siento de ahí. Es muy diferente a Mérida en la que todas las mañanas veo flores nuevas como el bastón emperador (Etlingera elatior), la riqui riqui o ave del paraíso (Heliconia hirsuta), aquí estoy rodeado de la naturaleza”.

“Toda Venezuela me inspira porque soy de una sociedad muy urbana. Los sonidos, la música, el color, las flores que veo, la comida, las personas que conozco, todo eso tiene un efecto profundo y sale en mi trabajo poco a poco. Pienso que en otra vida fui latino o venezolano. Cuando no estoy aquí me hace falta”.

“Cada vez que regreso a mi casa en Washington mis amigos me dicen que estoy rejuvenecido. Me encantaría visitar otros lugares del país como el Zulia, en algún momento necesitaré ir para allá”.

Muchas veces la inspiración de un pintor proviene de un lugar distinto al de su entorno. Así ocurrió con White, quien cada año sale con su cámara digital al Páramo merideño a captar nuevos ángulos de sus protagonistas.

“Un ejemplo de un artista que plasmó la belleza de Venezuela es el del danés Camille Pissarro quien estuvo en Caracas y La Guaira. Es común que un artista salga de su casa y consiga inspiración en un lugar extranjero como Gauguin o van Gogh. En la escritura está Ernest Hemingway con España o James Baldwin con Francia”.

Ahora en un nuevo ciclo en su carrera, el maestro busca maximizar el impacto de su trabajo en un formato más grande y que llegue a más personas. “Son obras de dos metros y medio de alto, imagina un frailejón de ese tamaño, estoy impaciente por comenzar a dibujarlos”.

Desde el 21 de febrero el trabajo de White sobre la flora nacional se puede apreciar en el Centro de Arte Daniel Suárez en Caracas. La exposición cuenta con el respaldo de la Embajada de los Estados Unidos en el país. Se trata de una compilación de 34 obras en las que plasma su pasión por la naturaleza, los colores, las formas y… por Venezuela.

“Todo me ha cambiado desde que estoy viviendo aquí. Es una sensación de regocijo y felicidad. No sé hasta dónde me va a llevar este ciclo, pero es parte de la diversión. Ojalá y la gente se acuerde de mí por estar en este gran país”.