El pentagrama instintivo de Helena Arellano Mayz

Para Helena Arellano Mayz (Caracas, 1963) todo trazo o línea que nazca de ella no puede representar otra cosa que el fluir de sus emociones. Por ello, en la instalación que exhibirá, desde el domingo, en la galería GSiete, del Centro de Arte Los Galpones, titulada Japan jazz y compuesta por 60 planchas de PVC grabadas en punta seca sobre papel de algodón y aplicaciones de papel japonés, reina lo instintivo, lo aparentemente azaroso, lo definitivamente libre.

¿Por qué Japan? Por la fascinación que la expresión escrita oriental dejó en la artista, luego de un viaje a Japón. ¿Por qué jazz? Porque la línea “es trazo alusivo, como las notas de una melodía, a lo inasible del existir humano”.

La pieza ya fue expuesta en 2014 en la galería Document 15, de París, y para realizarla, Arellano Mayz realizó 30 planchas blancas, 30 rojas, 30 negras y unas 10 más para el papel japonés. En la sala de la GSiete están dispuestas de manera vertical, en la misma orientación de la escritura oriental. Unas más arriba que las otras, como si se trataran de notas musicales dispuestas en un pentagrama sobre la que se esboza una música, inaudible in situ, pero siempre presente.

“Mi línea es absolutamente instintiva. Ella no es contorno, no pretende representar, es impulsiva”, dice la artista, con la convicción de que ese elemento gráfico con el que recorre el espacio geométrico de su obra posee una vida independiente. Arrellano Mayz también es escritora, y acerca de la línea dice en negro sobre blanco: “(… ) es palabra, es nota, es contenedora. El recorrido de la línea es la forma, el trazo, la huella que el hombre imprime a los pensamientos, a las emociones de su existir. En ese vivirse a sí mismo queda su trazo, su huella visible en el afuera, y sobre todo, en el adentro, grabada en él”.

Japan Jazz es, pues, una invitación a mirar, a percibir más allá de lo visto y a encontrar una particular musicalidad en el ritmo silencioso que siguen las líneas imprevisibles de Helena Arellano Mayz.

Escribe la historiadora del Arte Silvia Benedetti, en el texto de presentación de la muestra: “Esta instalación de grabados crea una partitura que se puede leer como una opera aperta que Umberto Eco definió como la proposición de posibilidades interpretativas para las variables lecturas frente a una obra, en este caso una partitura musical. Una de las infinitas posibilidades para la lectura de esta partitura sería asignarle un significado (o valor) a los colores del papel, al escrito o trazo, al papel japonés sobrepuesto, y su ubicación en el espacio expositivo”.