Lorenzo Vigas tras el León de Oro

El día de ayer fue para compartir la noticia que se había visto obligado a sostener en la punta de la lengua desde hace algunos días. Para conversar con los periodistas. Y sobre todo para celebrar a sotto voce que su primer largometraje, Desde allá, fue elegido para competir por el León de Oro en la 72ª edición del Festival de cine de Venecia, lo que convierte a Lorenzo Vigas en el primer venezolano que opta al galardón.

También para comenzar a digerir que su ópera prima ha sido inscrita en la misma categoría de obras de cineastas de prestigio y trayectoria como el iraní Amos Gitai, el italiano Marco Bellocchio, el egipcio Atom Egoyan, el británico Tom Hooper, el ruso Aleksandre Sokurov, y el argentino Pablo Trapero, por sólo nombrar algunos de los 21 realizadores que concursarán por el palmarés del 2 al 12 de septiembre.

“A mí todavía me cuesta creerlo”, dice Vigas, “porque casos de óperas primas en la competencia oficial de Cannes, Berlín o Venecia, son muy raros. Y cuando notas que es la segunda película en la historia del cine venezolano que ha estado en competencia oficial en algunos de estos festivales, después de Araya (de Margot Benacerraf, de 1959), te das cuenta de la importancia de todo esto”, se le hincha el pecho al cineasta, autor del cortometraje Los elefantes nunca olvidan.

“Es muy fuerte saber que estás compitiendo contra Aleksandre Sokurov, Atom Egoyan o Amos Gitai. Es una selección de los grandes directores del mundo. Es muy emocionante. Creo que lo que queda es disfrutarlo. Sufrimos mucho, porque el cine tiene algo muy cruel, y es que si a tu película no la agarra un festival importante no la ven sino tres personas. Y tuvimos un buen tiempo esperando a ver qué ocurría”, agrega.

Desde allá, devela ahora Lorenzo Vigas tras el riguroso silencio sostenido durante años, es una historia de amor protagonizada “por un protesista dental que busca jóvenes-hombres en paradas de autobús y les ofrece dinero para que lo acompañen a su casa”.

Un hombre muy particular, “que no acepta que lo toquen” -de allí el nombre de la película, advierte el realizador, quien quiso hacer alusión a “la distancia emocional” que se establece entre su personaje principal y el objeto de su deseo-, pero cuya vida da un vuelco cuando sostiene “un encuentro con un malandro que casi lo mata a golpes”.

Y todo ello con Venezuela como contexto, aunque Vigas advierte de inmediato que no se trata de “una película con un trasfondo político obvio”. “Ocurre en la Venezuela de hoy, así que para mí era muy importante que se vieran todos los estratos sociales, desde los más bajos hasta los más altos. Por eso fue rodada en zonas como La Candelaria, El Rosal, San Martín, Caricuao y El Paraíso, a mediados del año 2014, porque para mí era muy importante que uno viera a Caracas en toda su complejidad social”, cuenta él, que a ratos califica su película como “una obra absolutamente personal”, “realizada con unos estándares mundiales” y “filmada con todos los rigores del mundo para que pudiera estar en el Óscar”.

Protagonizada por el veterano actor chileno Alfredo Castro, y por un debutante venezolano de nombre Luis Silva al que Vigas augura una carrera de “súper estrella” muy similar a la de Gael García Bernal, la película fue escrita conjuntamente con el mexicano Guillermo Arriaga. “Fue él quien me ayudó a entender cómo poner mis obsesiones en un guión”, explica el cineasta.

Porque Desde allá, dice Vigas, es la segunda entrega de una trilogía que inició con el corto Los elefantes nunca olvidan (2004) y que culminará con su próxima película de ficción, a la que desde ya ha bautizado como La caja. Una trilogía en la que explora el tema de la paternidad, explica, sin saber aún exactamente por qué.

“Dicen que uno no escoge sus obsesiones, sino que las obsesiones lo escogen a uno. Y en mi caso, hasta ahora sólo he contado historias relacionadas con la paternidad. En Los elefantes hay un padre terrible y abusador, pero eso no ocurrió en mi vida. Al contrario, yo tuve una relación muy afectiva y cariñosa con mi papá (el artista plástico Oswaldo Vigas). Una relación en la que él estuvo muy presente desde el punto de vista emocional. Así que creo que esa obsesión tiene más que ver con la figura arquetipal del padre”, reflexiona, y luego grega que si el día de ayer fue para celebrar, a partir de hoy tendrá que trabajar para lo que vendrá.

“No sé cuál será el destino de esta película en Venecia. Tampoco qué vendrá después. Cuando hablé del Óscar no quise decir que quiero estar en la ceremonia. Lo que quise decir es que hice una película con un estandar internacional, a la par de cualquier producción de cine del mundo. Esa fue mi intención”, aclara él, por si las moscas tampoco olvidan…

 

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Artículo publicado por SIMÓN VILLAMIZAR |  EL UNIVERSAL